Hace diez años me lancé a la calle a caminar sola, como un animal salvaje, en medio del frío. Haciendo paradas en mi viacrucis personal, con el móvil y las lágrimas como símbolos de mi semana santa en Navidad.
Ayer lo vi al bajar a buen ritmo, sonriendo por dentro, dándome cuenta de la coincidencia en el espacio y siendo consciente de la diferencia en el tiempo y en mí entre estos años. Reconociendo los asientos donde estuve entonces, hecha polvo emocionalmente, mientras hablaba por teléfono con una amiga que me apoyó en los peores momentos.
domingo, 1 de diciembre de 2013
LA BONANOVA
Hace diez años me lancé a la calle a caminar sola, como un animal salvaje, en medio del frío. Haciendo paradas en mi viacrucis personal, con el móvil y las lágrimas como símbolos de mi semana santa en Navidad.
Ayer lo vi al bajar a buen ritmo, sonriendo por dentro, dándome cuenta de la coincidencia en el espacio y siendo consciente de la diferencia en el tiempo y en mí entre estos años. Reconociendo los asientos donde estuve entonces, hecha polvo emocionalmente, mientras hablaba por teléfono con una amiga que me apoyó en los peores momentos.
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